Que te miren fijo, se les suelte una risita, te señalen, te tomen fotos sin permiso y te hagan preguntas impertinentes. Es grosero, y nos gustaría que dejaran de hacerlo. Es molesto y hasta intimidante. A veces dejamos de usar Lolita por un tiempo porque no nos sentimos con la fuerza para enfrentar ese tipo de cosas. Es normal que nos preguntemos por qué la gente reacciona de esa forma cuando simplemente se trata de moda, de un estilo de vestir. ¿No se dan cuenta de que es hiriente, de que soy una persona, no un cartel pegado a la pared, y que puedo verlos y oírlos? ¿En qué los afecta lo que yo me ponga? Al enfrentar ese antagonismo solemos quejarnos o burlarnos de los “civiles” con otras Lolitas, para dejar salir el estrés. Aunque es normal sentirnos incómodas, enojadas o tristes por estas reacciones, es saludable tener en mente la postura de las personas que viven por fuera del mundo Lolita y por fuera del mundo de la moda alternativa en general. Piensa: ¿cómo reaccionarías ...