Hace unos días me reencontré con una persona que me recordó un episodio ocurrido unos meses atrás: -Como algunos saben- A comienzos del año pasado “abandoné” el Lolita (y sin planes de volver a vestirlo, aunque finalmente eso fue lo que ocurrió). Un día conversando con un grupo de jóvenes en una especie de curso, una de ellas contó una historia sobre una lolita con la cual le había tocado una (no muy agradable) experiencia. Como entre nosotras nos “conocemos”, aunque sea por nick o foto, le mencioné que yo había vestido lolita durante años, y que quizás la conocía. Su respuesta (sumada a su cara de sorpresa) no hizo otra cosa que irritarme: “Al menos tu maduraste y lo dejaste, no puedo entender como el resto no madura”. Yo, visiblemente enojada, le respondí: “A pesar de que yo no vista Lolita, sigo teniendo amigas y conocidas que lo visten. No es cosa de mayor o menor madurez, son personas comunes, muchas de ellas estudiantes, trabajadoras y profesionales […]”. El resto del grupo, que...
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